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12 enero 2011

4/11: El director de cine Roland Joffé prepara una película sobre la guerra civil y san Josemaría Escrivá


Probablemente la película “Encontrarás dragones” se estrenará en España en el mes de marzo. La entrevista a su Director, a tres meses vista, tiene interés para los cinéfilos y para los que ya tiene datos sobre la película o quieren estar informados.
Quizá convendrá conservar estos comentarios de Roland Joffé para aprovecharlos con los alumnos cuando “There Be Dragons” esté ya de estreno, pues, sin duda, su presentación se seguirá con atención y convendrá aprovechar este tipo de informaciones del propio director.


 Entrevista al autor de la película de próximo estreno "There Be Dragons"
Se trata de un drama épico, escrito y dirigido por el cineasta británico, conocido por filmes como "La misión" y "Los gritos del silencio", ambientado en la guerra civil española, en el que afronta cuestiones como la santidad y la traición, el amor y el odio, el perdón y la violencia, así como la búsqueda del sentido de la vida. La trama entremezcla las historias de soldados revolucionarios, un periodista, su padre y el mismo san Josemaría, llamado el santo de la vida ordinaria, a quien éste conoció en el seminario.
--¿A qué alude el título de la película "There Be Dragons", "Encontrarás dragones"?
Roland Joffe, durante
una rueda de prensa
en Argentina, 2009
--Roland Joffé: Los mapas medievales calificaban los territorios desconocidos con las palabras "Hic sunt dragones", "aquí hay dragones". Cuando comencé a investigar sobre el tema y a escribir el guión, dado que realmente no sabía lo que me esperaba ni cómo acabaría, "Encontrarás dragones" me pareció un título apropiado. Era como si me saliera de mi mapa y me adentrara en un territorio inexplorado al tocar temas como qué es la santidad, temas de religión y de política del siglo XX, el pasado de otro país. Me había golpeado la afirmación de Josemaría: a Dios se le encuentra en "la vida ordinaria", y esa vida ordinaria, en su caso, fue la guerra civil española. Me pregunté: ¿cómo es posible encontrar lo divino en la guerra? Pero la misma pregunta puede hacerse sobre todos los desafíos fundamentales de la vida, y sobre la manera en que los afrontamos: cómo respondemos al odio y al rechazo, o al deseo de venganza y justicia. Todos estos dilemas aumentan en tiempo de guerra. Estos dilemas son, en cierto sentido, los "dragones" de la película, momentos de inflexión en nuestras vidas en los que afrontamos opciones decisivas. Opciones que afectarán a nuestro futuro. "Encontrarás dragones" habla de las diferentes opciones que asume la gente en esos momentos de inflexión --tentaciones, si usted quiere-- y de lo difícil que es --y necesario-- huir de los ciclos de odio, resentimiento y violencia.
Roland Joffe y Geraldine Chaplin
--La película tiene lugar en el contexto de la guerra civil española, que en cierto sentido es el paradigma de la violencia que genera violencia, la violencia sin sentido. En este escenario de violencia fratricida, ¿hay espacio a la esperanza?
--Roland Joffé: Sí, pero es sumamente difícil. Entre las personas hay demasiados hechos abominables, horrendos, que parecen imposibles de perdonar, de rescatar, imposibles de superar. ¡Pero el perdón es posible! Los ciclos de violencia pueden detenerse, como lo demostró el presidente Nelson Mandela en Sudáfrica. El perdón ha sido posible para muchos héroes en Ruanda, y ha sido ofrecido y aceptado por muchos valerosos palestinos e israelíes. Josemaría aseguró que las personas normales son capaces de ser santas, y creo que se refería a esta clase de perdón heroico. La inagotable posibilidad de perdonar deja espacio a la esperanza. Pero el precio es alto: exige un profundo sentido de lo que es plenamente humano, un profundo sentido de compasión, y una resolución firme, y sí, heroica, para no quedar atrapado por los odios imperantes, sino luchar contra ellos con un amor inquebrantable.
Buena parte de la trama de la película se desarrolla durante la guerra civil española, pero se despliega entre ese telón de fondo y el año 1982. Hay muchas generaciones involucradas en esta historia: el pasado proyecta una sombra sobre el presente. Lo que las une es Robert, un periodista a quien se le ha pedido que haga una investigación sobre Josemaría Escrivá en tiempos de su beatificación. Poco a poco descubre que su padre, Manolo, fue en la infancia amigo de Josemaría, y que estuvo en el seminario con él, aunque luego sus vidas tomaron caminos totalmente diferentes. Robert y Manolo se han alejado, pero la película les une según va revelando la terrible verdad sobre el pasado. Por tanto, es también la historia de un padre y un hijo, y la historia de la verdad que necesitan afrontar para superar lo que les separa. Es sobre todo una película sobre el amor, sobre la fuerza de su presencia y sobre el árido y aterrador mundo en el que vivimos con su ausencia.
Las guerras civiles son mucho más atroces porque enfrentan a hermano contra hermano, familia contra familia. Al final de la guerra civil española, se contaba medio millón de muertos. Una guerra civil es una poderosa metáfora de una familia. Al igual que en las guerras civiles, los miembros de la familia toman partido y se desgarran; los antiguos resentimientos se convierten en manantiales de odio. No le perdonamos a nuestra tía lo que ha hecho, no nos hablamos con nuestro padre porque dejó a nuestra madre, no nos hablamos con nuestra madre porque se fue con otro, o no nos hablamos con nuestro hijo porque escogió una profesión diferente de la que esperábamos. Estas son las guerras civiles de nuestra vida ordinaria. "Encontrarás dragones" habla de estos dos tipos de guerra civil.
Fundamentalmente, todos tenemos que optar entre dejarnos vencer por nuestros resentimientos o encontrar la manera de conquistarlos. Puede verse la vida como una serie de injusticias, de rechazos y heridas, o como una serie de oportunidades, de ocasiones, para vencer a esos dragones a través del poderoso deseo de sustituir el odio por el amor y la unidad. Muchos albergan en su interior ese amor para tomar esta heroica opción. Se dan cuenta de que pueden tomar la opción de ser libres. Tienen la fuerza de carácter para comprender que el odio es una prisión. Nadie que odia puede ser libre. ¿No hemos visto acaso tantos ejemplos de esto en los años transcurridos desde la primera guerra mundial? Por otro lado, cuando las personas optan por el amor, el observador imparcial puede ver en ellas el sentimiento de libertad, de compasión, de generosidad.
Al final, todos nos encontramos ante estas opciones. Incluso a Robert, el agnóstico y el materialista, se le pide que elija entre el amor y el odio, que en cierto sentido se enfrente al mundo con amor, o como dice Aline, que "se enfrente a Dios con el amor".
Para mí la película habla de esto. El perdón deshiela lo que ha quedado congelado. Toca lo humano en el interior de quien ha sido perdonado, así como toca lo humano en el interior de quien perdona. El amor no siempre es fácil, no puede serlo. No puede proceder de una actitud de superioridad, sólo puede proceder de una actitud de humildad y de humanidad. Y, sin embargo, su belleza es poderosa. Dice: "Sí, sal de ti mismo. ¿Crees que no puedes perdonar?". Pues bien, no sabrás si puedes perdonar hasta que no perdones. Y, ¿cómo puedes perdonar? Para perdonar necesitas identificarte con el otro. Perdonas poniéndote en la piel del otro. Debes dejar de demonizarlo, no puedes decir "Soy mejor que él, yo nunca podría hacer eso". Por el contrario, tienes que mirar a la persona y decirte: "podría ser yo". Por tanto, sí, hay espacio a la esperanza, incluso en las circunstancias más dolorosas, trágicas y terribles, donde la esperanza parece imposible.
Charlie Cox, Roland Joffe y Wes Bentley
--¿La película se dirige a creyentes o a no creyentes?
--Roland Joffé: "Encontrarás dragones" se toma la fe en serio; se toma la santidad en serio. Pero su interés va mucho más allá de un público religioso. Su pregunta presupone una separación que, en realidad, es falsa. Todos vivimos en un mundo perturbado, todos tenemos que afrontar el dolor y la alegría de la vida ordinaria, y aunque recurramos a diferentes interpretaciones de la realidad sobre esta experiencia, al final todos moramos en el mismo mundo desgarrado y perturbado.
Es una película sobre creyentes y no creyentes. Quedé profundamente impresionado por la convicción de Josemaría de que todos somos santos en potencia, por su fe en que cada quien es en última instancia capaz de acabar con sus propios dragones. Espero que la gente que vea la película lo descubra en sus propias luchas con sus dragones y que comprenda que ningún santo ha llegado a serlo sin haber luchado.
La película también habla de muchas formas de amor. El amor de Ildiko por Oriol es una forma particular de amor. Su amor apasionado por edificar un mundo mejor es otra forma de amor. El amor de Manolo por Ildiko es también otra forma de amor, aunque esté atado por los celos y el resentimiento. El amor que anhela Manolo y que acaba recibiendo es también otra forma particular de amor. Estos diferentes tipos de amor se unen como en una tela de araña, formada por hilos individuales: cada hilo parece estar separado, pero luego la realización de la tela muestra que todos ellos forman parte de un conjunto más grande, que están unidos a la misma realidad, orientada hacia el mismo punto, hacia el mismo centro. Al final, todos estos hilos diferentes de amor, que parecen tan diferentes, convergen en un punto fundamental: "¿Este amor es más grande que el amor propio?". Esta es una pregunta importante. Y a ella se dedicó buena parte de la política de los inicios del siglo XX. De todos modos, plantea otra cuestión de una gran complejidad. Si este amor apasionado se basa en un ideal, o en una idealización, si consiste en la aceptación de un solo modelo de comportamiento humano, ¿cómo puede evitar caer en el fanatismo o la demonización? Desde tiempos de la Ilustración, esta ha sido una cuestión fundamental. En nombre del amor de un bien más grande, cuántos actos inhumanos se han cometido. Me parece que sólo si se comprende la trágica falibilidad de todos los seres humanos y de todos los comportamientos humanos podemos encontrar la senda del entendimiento y de esa profunda empatía, ese sentido de identificación con el otro, que libera de la demonización y de las espirales de violencia sin esperanza.
No se trata de una película católica, sino que trata de un tema clave en la teología cristiana y en todas las iglesias cristianas, así como en muchas otras religiones. Todas las religiones comprenden que los seres humanos, en sus relaciones unos con otros, toman opciones divinas, opciones que afectan profundamente a la vida de los demás y al mundo que les rodea. Esta interconexión constituye el fundamento del amor: lo que hacemos a favor o en contra de los demás nos afecta a nosotros y a ellos porque todos estamos unidos los unos a los otros.
El actor Charlie Cox representa a San Josemaría:
"De todos los personajes de la película, Josemaría
es el único que ha existido históricamente, el único
sobre el que abundan testimonios y pruebas"
(Roland Joffè)
--¿Hasta qué punto su personaje de Josemaría Escrivá, que hoy es un santo de la Iglesia católica, se basa en hechos o es un producto ficción?
--Roland Joffé: De todos los personajes de la película, Josemaría es el único que ha existido históricamente, el único sobre el que abundan testimonios y pruebas. Creo que la representación de Josemaría que ofrecemos de su sensibilidad, su sentido del humor, que indudablemente tenía, surge de los acontecimientos de su vida y es en realidad muy cercana a lo que fue él en realidad. He querido encontrar un punto de vista honesto al trazar su perfil, y tomar su fe en serio, como él lo hizo. Supongo que en el caso de los santos es algo típico ver en ellos, en extraña oposición con la pecadora de corazón de oro, a hombres con corazón de plomo; pero esto no es más que un cómodo convencionalismo. De hecho, la historia de Josemaría es la de un hombre que logra el éxito extraordinario de simplificar su vida en torno a un amor a Dios auténtico y poderoso. Este amor a Dios se convierte en un principio organizador que le da forma, así como una especie de sencillez y fuerza.
Pero esto no hace que sea aburrido o soso, pues este amor se dio en el mundo real, y el fruto de esta existencia en el mundo real, y con frecuencia cruel, es en todo hombre honesto la duda. Dudar de Dios y dudar de la bondad. Esta duda es sumamente fecunda. El amor no es algo caído del cielo, como algo sine qua non. Hay que luchar por él. Es lo que, como seres humanos, debemos llevar a la mesa. Tenemos que encontrar este amor profundo en nosotros mismos, comprendiendo la belleza escondida de nuestra fragilidad y de la fragilidad de los demás. En un sentido profundo que ilustra, me parece, la historia de Cristo. Si somos creyentes, tenemos que seguir buscando ese amor profundo en nosotros mismos y ofrecerlo a Dios y a su creación. Si no somos creyentes, tenemos que seguir buscándolo y ofreciéndolo a los demás, sin tener en cuenta su política, raza o religión.
--¿Tenía usted ideas sobre la manera de presentar la guerra civil española o sobre algunos personajes, como san Josemaría Escrivá?
--Roland Joffé: No sabía mucho sobre Josemaría antes de que me pidieran grabar la película. Esto es lo que sucedió: un día, uno de los productores de la película vino a Holanda para convencerme e que hiciera la película. Traía varios libros y materiales, incluido un DVD sobre Josemaría. Tuvimos una comida muy, muy agradable y, regresando a casa, a pie, pensaba: "No tengo ganas de hacer esta película. Tengo otro proyecto ambientando en la India, y he trabajado mucho para lograrlo". En otras palabras, pensaba que era un ofrecimiento muy, muy bueno, y había apreciado realmente la comida, pero pensaba rechazarlo.
Roland Joffe y Charlie Cox en un momento del rodaje
Era una noche de verano, de manera que salí al jardín, con una copa de vino en la mano, puse el DVD en mi lector, y me senté ante el ordenador para escribir una breve carta que decía: "Querido X, muchas gracias. Aprecio el que haya emprendido todo este viaje, pero pienso que verdaderamente usted debería buscar en otro lado".
Mientras tanto, el DVD seguía funcionando. Un momento de la narración llamó mi atención: Josemaría se dirigía a una multitud, en Chile, quizá, o en Argentina, no estoy seguro del lugar, y una joven levanta la mano y dice: "Tengo una pregunta, soy judía".
Y Josemaría responde: "Sí, dime, por favor".
Ella añade: "Mi más ferviente deseo es convertirme al catolicismo".
Josemaría: "¿Sí?".
Ella sigue diciendo: "Pero soy menor de edad y mis padres no me lo permiten".
Josemaría, sin pestañear, responde: "Te digo que seas muy buena con tus papás. Que tengas paciencia, que reces. No muestres ningún gesto de insurrección. ¿Está claro? Quiere mucho a tus papás [...] Y jamás una palabra de crítica de tus papás. Has de amarlos con toda el alma. Y mostrarlo con los hechos. ¿De acuerdo? Buena hija serás de Cristo si buena hija eres de tus papás".
Al ver ese momento del vídeo, me decía: "¡Qué momento maravilloso! Qué momento maravilloso, inesperado, y sobre todo viniendo de una organización de la que todo el mundo se esperaría que dijera lo contrario". Estaba mirando a mi ordenador y me decía: "Espera un momento". Apagué el DVD. Dejé de escribir la carta. Me puse la gorra de director de cine y escribí una escena en la que Josemaría aparece con un hombre, a punto de morir, a quien ya conocía, que le dice que es judío y que su sueño es convertirse.
Escribí la escena de cabo a rabo, sin dejar de pensar: "tengo realmente ganas de ver esto en una película. Pero, no lo veré nunca si no hago la película, ¿verdad? ¿O enmarcaré esta escena en otra película?".
En lugar de la primera carta que me disponía a redactar, escribí: "Querido X, estoy verdaderamente interesado en este proyecto, a condición de disponer de toda la libertad de creación para hacerlo como quiero, y que usted no cuente conmigo para seguir una línea de parte, y si usted acepta el hecho de que no soy muy brillante y que lo haré lo mejor posible, pero que tengo que seguir mi propia verdad. Si usted está de acuerdo, me gustaría hacer verdaderamente este proyecto".
Esto es más o menos lo que sucedió. No tenía ninguna idea preconcebida sobre Josemaría, había escuchado algo sobre él, pero sobre todo fue este pasaje del DVD el que suscitó mi interés para realizar la película. Me encontré ante la historia de un hombre, y al leerla tomé conciencia de que realmente respetaba a este hombre. De hecho, más que un simple respeto, sentía que encarnaba algo de su combate, que interpelaría a todos los seres humanos de una manera maravillosa, y que esta historia que quería contar es la que cuenta esta película.
La guerra civil española era también complicada de afrontar. Hubiera sido fácil tomar partido, pero de este modo hubiera traicionado el eje central de la actitud con que quería contar esta historia. La historia, como bien se sabe, es partidista, escrita por los vencedores y reescrita por los vencidos. Muchos creerán simplemente el rumor o la leyenda que les parecerá más agradable y estoy seguro de que tendremos que afrontar ciertas opiniones sobre lo que es o era el Opus Dei, sobre quién era Josemaría, y sobre lo que realmente fue la guerra civil española.
Quise mostrar lo que sucedió en España durante la guerra civil sin espíritu partidista. De hecho, España vivió, en un período de tiempo muy condensado, lo que Gran Bretaña, por ejemplo, experimentó y absorbió durante un centenar de años: revolución industrial, ideologías de lucha de clases, sin contar que España había perdido su imperio y la estabilidad económica. Para la sociedad española, era muy fácil fracturarse y, según la mentalidad de la época, era muy fácil abrazar opiniones totalmente opuestas y radicales sobre la justicia social, el papel de la Iglesia, etc. Al final, según es propio de la naturaleza de estas tensiones sociales, las posiciones más extremas comenzaron a marginar las demás. Con la debilitación del centro, los dos polos opuestos comenzaron a hacerse más fuertes.
En la guerra civil española, los dos bandos tenían ideales y su propio sentido de la virtud. Como los movimientos políticos del resto de Europa, las personas de los dos lados de la demarcación política comenzaron a diabolizar al otro campo.
Pero las divisiones, que en Europa se convirtieron en divisiones nacionales, en España fueron fratricidas y dejaron cicatrices psicológicas profundas y difíciles de cicatrizar. Lo que sucedió en España fue una herida que realmente desgarró a familias de la manera más dolorosa y atroz. El hermano tomó una opción diferente a la de su hermano, ¿pero esto significa que ya no eran hermanos? Si esto significa que ya no eran hermanos, si queremos matar a nuestros hermanos a causa de aquello en lo que creemos, entonces, ¿no tendremos que preguntarnos por el valor de nuestras opciones?
Roland Joffe y Charlie Cox en un momento del rodaje
--La realización de esta película, ¿ha influenciado en cierto sentido su vida personal?
--Roland Joffé: Déjeme que se lo explique: no soy muy religioso, pero me han pedido que escriba sobre un hombre que lo era. Tuve que tomar distancia y decirme: "Cuando escribo sobre Josemaría, tengo que aceptar tal cual --de manera total, honesta y sincera-- todo lo que Josemaría me dice sobre lo que contó para él, aquello a lo que consagró su vida, su experiencia religiosa. Tengo que informarme lo más posible sobre su experiencia religiosa, sin prejuicios, honestamente, y dejarme interpelar.
He leído mucho sobre la experiencia religiosa. He experimentado emoción y alegría al descubrir cuántos hombres de ciencia (en particular, físicos) han vivido una experiencia profunda de Dios, y me ha conmovido el ver que la separación entre la ciencia y la religión, que se ha convertido en el pensamiento dominante de nuestra época, en realidad era falsa. He acabado por comprender que el gran descubrimiento de la física moderna consiste en que nuestra percepción de la realidad se basa en modelos fabricados por nuestro cerebro y que, por tanto, existen numerosos modelos de realidad.
Muchos son insuficientes para explicarlo todo, aunque apropiados para explicar algunas cosas; nos proponen una nueva manera de comprender lo que debería ser la realidad o las realidades y esta comprensión no excluye la idea de Dios o una dimensión espiritual del inmenso universo en el que moramos, sino que más bien nos muestra que la manera en que la ciencia nos ha llevado a redefinir y reinterpretar la realidad nos ofrece también una oportunidad para reinterpretar y redefinir lo espiritual.
No sé muy bien en qué medida, en estos años, me ha afectado esta experiencia. Creo que algo profundo necesita algo de tiempo para revelarse por lo que realmente es. He experimentado una sensación muy particular al grabar "Encontrarás dragones": más que una experiencia solitaria, como había creído, se trata de una experiencia sumamente interesante, para nada solitaria.
El poder pensar, de repente, "Deja a un lado mis respuestas fáciles y vive simplemente con la pregunta", ha sido para mí maravillosamente convincente, y me ha permitido sentirme muy, muy cerca de este proceso de vida de una manera que no hubiera creído posible. Y ahora no sé muy bien a dónde todo esto va a llevarme.
Por Jesús Colina

05 octubre 2009

103/09: En los bordes de la educación integral

Este texto puede parecer sólo un “apunte cultural” pero, leído con atención, es una llamada seria de responsabilidad a los educadores. Responsabilidad en la propia formación, y en la de los colegas de trabajo, para ver y tratar a todos con la plenitud de sentido que tiene ante Dios la vida humana.

Nadie “sobra” en este mundo

La película “Hijos de un mismo Dios” (Edges of the Lord, Y. Bogayevicz, 2001) está basada en una novela –The Painted Bird (1976), en parte autobiográfica– de Jerzy Kosinsky, estadounidense de origen polaco, que se suicidó en 1991. En esa fecha la venta de sus novelas, traducidas a más de 30 lenguas, se estimaba en torno a 70 millones de ejemplares.

Dirigida por otro polaco, emigrado a Estados Unidos a mediados de los setenta, la película está realizada en Polonia con actores norteamericanos. Aunque la historia es sencilla, para ser valorada en profundidad –como tal vez merece– probablemente requeriría una honda comprensión del cristianismo, algunos conocimientos de psicopatología, además de hacerse cargo de la tragedia del holocausto y de la personalidad y excentricidades del guionista original (ver artículo de D.G. Myers en “First Things”, octubre de 1996, pp. 58-64).

Durante la ocupación nazi de Polonia, Romek, un niño de 11 años, miembro de una familia judía de Cracovia, es escondido en un pueblo de la Polonia oriental. Para salvarle la vida, el párroco católico finge catequizar al chico entre los que van a hacer la primera comunión, pero respeta hasta el final su religión. En una escena el sacerdote prepara las formas para la misa y le ofrece algunos recortes sobrantes para comer. Le explica que esos bordes no van a ser “bendecidos”, por lo que puede tomarlos sin problema. Es entonces cuando Romek le pregunta:


– “¿Estamos todos bendecidos, o somos simplemente las sobras?”

A lo que le responde el párroco:

– “Somos cortezas, Romek, y a la vez estamos bendecidos”.

Y el chico replica: “¿Pero no todos, verdad?”


Seguramente el novelista tuvo también alguna oportunidad durante su vida, quizá en los instantes previos a su muerte, de percibir la bendición de Dios.

En efecto, en perspectiva cristiana todos estamos llamados a ser, como dice el título de la película en castellano, “hijos de un mismo Dios”. Él nos va “configurando” –como se hace con las formas que han de a ser consagradas en la Eucaristía–, contando con las luces y sombras que hay en toda vida humana, con la parte que cada uno tiene en la transformación del mundo y con el misterio de nuestra libertad.

En la tercera encíclica de Benedicto XVI, “Caritas in veritate”, se dice que para colaborar al desarrollo de las personas y de los pueblos, es necesaria la educación, basada en el humanismo integral, en el trabajo y en la vida espiritual: “Con el término ‘educación’ no nos referimos sólo a la instrucción o a la formación para el trabajo, que son dos causas importantes para el desarrollo, sino a la formación completa de la persona. A este respecto, se ha de subrayar un aspecto problemático: para educar es preciso saber quién es la persona humana, conocer su naturaleza. El afianzarse una visión relativista de dicha naturaleza plantea serios problemas a la educación, sobre todo a la educación moral, comprometiendo su difusión universal”.

Por estos motivos, es importante, por larga y costosa que sea, la preparación de auténticos educadores, que contribuyan a una cultura y una civilización del amor.


Ramiro Pellitero, Profesor de Teología pastoral

Universidad de Navarra

www.cope.es, 31-VIII-09

25 septiembre 2009

102/09: Jesucristo en el Cine

.....Quiero compartir con vosotros una iniciativa que acabo de poner en marcha: un blog sobre "Jesucristo en el cine" que pretende ser un foro de discusión e intercambio de deas sobre Fe y Cultura, y en concreto sobre la imagen de Jesús que las películas han ido creando a lo largo del tiempo.

.....Pienso que puede interesar especialmente a los profesores de Religión y de Cine, pues además de reflexiones y análisis sobre los filmes, de noticias sobre nuevas producciones y reposiciones, quiero colgar guías de análisis para cinefórum, sinopsis esquemáticas de las películas y material didáctico para uso en el aula o para presentaciones en ciclos temáticos del Séptimo Arte

Asunto: Si puedes, visita mi blog


.....Queridos amigos:

.....Me gustaría dialogar con vosotros y con otras personas que conozcáis: cinéfilos, pensadores, filósofos, críticos de cine, teólogos... También gente de a pie que tenga preocupación por el sentido trascendente de nuestras vidas y que desea ver reflejada su Fe en la cultura que vivimos; muy especialmente, la cultura audiovisual y cinematográfica. Y con gente joven que quiera iniciarse en el gusto por el cine y la cultura cristiana.

.....Os agradeceré que entréis en el blog, que me dejéis vuestros comentarios, y que deis a conocerla a todo el que pueda estar interesado:

http://jesucristoenelcine.blogspot.com/

Un fuerte abrazo, Alfonso Méndiz

03 noviembre 2008

134/08: Familia y Cine

Cindarella Man

Por Gustavo de Prado´

Arvo Net
Casablanca Comunicación

Dirección: Ron Howard.
Intérpretes: Russell Crowe, Renée Zellwegger, Paul Giamatti.
Duracion: 144 m. Género: Drama.

Valoración: Mayores de 13 años. Violencia. Calidad técnica: Muy buena.


James J. Braddock, antigua promesa del boxeo, malvive durante la depresión del 29 trabajando en un muelle para alimentar a su familia. Un día su manager le ofrece una nueva oportunidad.

La película queda en cierto modo estropeada por el abuso de los tópicos de superación, tanto personales como deportivos. Pero consigue elevarse sobre ellos gracias a la ambientación.

Situada en el escenario de la Gran Depresión, en el crack del 29, en los duros años de crisis siguientes, Braddock y su esposa se configuran como personajes de elevada talla moral. Sobre todo pasan hambre. Pero en ningún momento pierden los papeles. Saben cómo enfocar sus problemas, sin obviar las discusiones, y educan a sus hijos conforme a sus ideas. La escena en que Braddock obliga a devolver a su hijo la carne robada es harto elocuente. No todas las subtramas consiguen integrarse igual de bien. Por ejemplo, el funeral del amigo, aunque busca un efecto dramático posterior, parece una escena un tanto forzada.

Por otro lado, en la dirección, Ron Howard es ampuloso, tendente a lo sentimental, recargado en su planificación. Los preludios al combate final están tan llenos de exageración que dan ganas de pedir que pare.

Pero ocurre algo que pocas veces se ve en una sola película: dos interpretaciones tan descomunalmente magistrales como las de Russell Crowe y Paul Giamatti. El primero sobre el ring, el segundo abajo, elaboran un trabajo sensacional, sostienen la película entera y lanzan ganchos a la cámara imposibles de fintar. Atrapan sin remedio de principio a fin. Renée Zellwegger aunque mantiene sus mohines habituales exhibe un registro más amplio que en anteriores películas. Logran un puñado de buenas escenas: la llegada de la señora Braddock a la casa del manager, Braddock acercándose a pedir dinero a los magnates del boxeo, el visionado de la película del rival, los diálogos de vestuario entre boxeador y entrenador…

Si la primera hora se centra en describirnos los años de la Depresión con una reconstrucción de época bastante lograda, después llegan los puñetazos y cambia la dirección de las emociones. En conjunto, es inevitable descubrir ciertas debilidades, pero logra subsanarlas con un buen puñado de buenas ideas, excelente caracterización de los personajes e interpretaciones absolutamente geniales.

20 octubre 2008

125/08: Hijos de los hombres

La humanidad está llamada a desaparecer. Las mujeres son estériles, el hombre más joven (20 años) acaba de morir apuñalado. Película tan interesante como entretenida, muy buena para un video forum.

DVD

Título: «HIJOS DE LOS HOMBRES»
Dirección: Alfonso Cuarón.

Intérpretes: Clive Owen, Claire-Hope Ashitey, Michael Caine, Julianne Moore, Chiwetel Ejiofor.
Duración: 109 m.
Género: Drama/Acción.

La humanidad está llamada a desaparecer. Las mujeres son estériles, el hombre más joven (20 años) acaba de morir apuñalado, la inmigración está descontrolada, hay terrorismo islámico, atentados de grupos nacionalistas y los Estados son prácticamente dictaduras. Theo es un funcionario apático e indiferente. Un día, su ex-mujer, una activista, le secuestra y le pide ayuda para trasladar a una chica en una situación… peculiar.

Esta es la clásica película que no ha recibido especiales parabienes de la crítica en los festivales por los que ha pasado pero, a cambio, ha recibido el apoyo incondicional del público. Quizá la crítica esperaba de Cuarón algo más sesudo, quizá algo más progre, quizá algo más de izquierda de toda la vida. Y ciertamente no se trata de una película con un mensaje abundante al estilo de “Gattaca” o de una búsqueda esteticista como “IA: Inteligencia Artificial”.

Cuarón es un contador de historias, un seguidor de vidas, un cariñoso fisgón de los caracteres humanos. Es lo que ha hecho en cualquier género que tocara ya fuese en “La princesita”, “Grandes esperanzas” o en “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”. “Hijos de los hombres” es una película de acción, una persecución, en la que van apareciendo temas interesantes contemplados desde una óptica más interesante aún.

El mensaje de la película se reduce a una sola idea y a las consecuencias derivadas de ella. Esa ausencia de niños, esa esterilidad universal es una metáfora para hablar de la falta de esperanza en la sociedad. Cuarón observa los problemas de la actualidad y los proyecta 21 años hacia el futuro, como una denuncia de lo que acabará sucediendo si no confiamos en la vida, si perdemos la fe en el futuro, la esperanza en las generaciones venideras.

Seguimos los pasos de Theo y Kee. Huyen de esta distopía preapocalíptica en que se ha convertido el mundo. Y buscan un lugar donde poder empezar de nuevo, un barco, dicen, llamado Mañana en el que viajan unos científicos a cargo del Proyecto Humano. Y, en su huida conoceremos a una galería de variados personajes.

La humanidad sobrevive en un mundo donde los Estados reparten Quietus, las pastillas para el suicidio que garantizan una muerte relajada. La trama no nos aclarará grandes cosas: ni la causa de la esterilidad, ni las pandemias, ni las formaciones terroristas, ni la forma exacta en que funcionan los gobiernos. Pero eso no importa. El introducirnos en la situación, sin explicaciones, ayuda a la credibilidad: como si tuviésemos que estar al tanto de lo que dice el último periódico. No sabemos si ponernos de parte de los Estados dictatoriales, de los activistas o, al menos, de determinados activistas. Theo y Kee encontrarán amigos y enemigos en todos los bandos.

Lo mejor de la película es su poderosa estética. Cuarón realiza largos planos-secuencia. Esto hace que, en ocasiones, decaiga el ritmo. Pero, a cambio, logra con ello momentos de una fuerza tremenda.

El plano de apertura es todo un ejercicio de cine: la cámara filma sin cortes y ambienta perfectamente el tiempo, el espacio y las circunstancias en que nos vamos a mover. Sintético, sobrio, estremecedor. Algo similar se puede decir del asalto al coche, del comienzo de la fuga o de otros momentos. Sin duda, los 20 minutos finales son absolutamente impactantes. Una larguísima secuencia, muy ensayada, con una multitud de extras, demuestra, además, la solvencia del reparto para filmar sin interrupciones. Nos encontramos con los protagonistas en medio de una batalla urbana entre los activistas y el ejército. Entre ambos contendientes hay muchos inocentes y la balas cruzan de un lugar a otro. Y, entonces, la esperanza.

Película tan interesante como entretenida para cualquiera que busque algo más que simple acción.

Por Gustavo de Prado (arvo.net)

17 octubre 2008

123/08: Un libro sobre Cine

EL CINE DE GRAHAM GREENE
Enrique Fuster Cancio
Ediciones Internacionales Universitarias
266 páginas




La fascinación de Greene por la figura del pecador oculta la acción misericordiosa de Dios

Graham Greene murió en 1991, dejando una producción bastante notable en la que se cuentan veinticinco novelas. Además, escribió ensayos, numerosos artículos y algunas obras de teatro.

Una parte importante de su popularidad se debe a que la mayoría de sus libros han sido adaptados para la pantalla. El tercer hombre es un caso especial porque directamente fue escrito como guión, y sólo después de la excelente película lo publicó como novela corta.

Graham Greene, como todos los de su generación, recibió el impacto del séptimo arte. Entre 1935 y 1940 ejerció como crítico cinematográfico en The Spectator. Sus críticas fueron posteriormente reunidas en The Pleasure Dome. La influencia del cine en la obra de Greene ha sido señalada muchas veces, y se muestra tanto en las tramas que elige (gansters, espías…) como en la rapidez con la que corta una secuencia para pasar a otra, o por múltiples detalles que deben su inspiración al lenguaje cinematográfico.

Pero, aunque las adaptaciones de sus novelas hayan contado con excelentes directores como John Ford, Fritz Lang, Joseph L. Mankiewicz, Otto Preminger o Carol Reed, tiene razón David Lodge cuando escribe: “Una de las razones por las que nos decepcionan tantas de las películas basadas en las novelas de Graham Greene es que, desprovistas de la poderosa y persuasiva retórica de su voz narrativa, los relatos parecen forzados y melodramáticos”. Y eso a pesar de que, en algunas de las películas, el mismo Greene se hizo cargo del guión.

En este trabajo Enrique Fuster analiza las llamadas novelas católicas de Graham Greene y su puesta en escena: (Brighton Rock (Brighton, parque de atracciones), 1938; The power and the glory (El poder y la gloria), 1940; The heart of the matter (El revés de la trama), 1948; The end of the affair (El final de la ventura). Además dedica, por su singularidad, un capítulo a The Thrid Man (El Tercer hombre).

En el tratamiento del tema el autor aborda la novela del escritor y la consiguiente versión cinematográfica, señalando algunas curiosidades sobre el film pero, fijándose, sobre todo, en las variantes (singularmente interesantes en el caso de Brighton Rock). Pero más allá de este trabajo de cotejo e información, el autor se plantea el carácter “católico” de esas obras.

En se controvertido tema, abierto a la discusión de los críticos, se decanta, en la línea de Ibáñez Langlois, por hablar de novelas de pecado y de gracia, ya que, en muchos puntos, es difícil sostener que Greene tuviera una verdadera concepción del alcance y poder sanador de la gracia. En algunos puntos se sitúa en una perspectiva protestante y en una extraña fascinación por la figura del pecador, que oculta (dejándola en suspenso) la acción misericordiosa de Dios y la posibilidad real de redención ya en este mundo.

El trabajo bien documentado de Enrique Fuster agradará a los lectores de Greene y, a su vez, supone un interesante acercamiento al tema de la literatura llevada al cine. Como se ve en los ejemplos tratados cine y literatura son lenguajes diferentes que, aunque no siempre consiguen coincidir en la expresión pueden, sin embargo, ofrecer perspectivas complementarias.

09 septiembre 2008

95/08: Cine. Daniel Burman

Daniel Burman galardonado por
Pontificio Consejo en Festival de Venecia

Según informó el diario La Nación, Mons. Celli comentó que "en tiempos de globalización, en los que tanto en Tokio como en África nos ofrecen coca-cola, hamburguesas y papas fritas, a la Santa Sede le interesa que haya cineastas que se preocupen porque el hombre pueda responder las preguntas que le brotan del corazón".

Asimismo, el Prelado expresó que el hecho de que Burman sea judío demuestra que "el premio hace caso omiso de la religión y de la nacionalidad de los galardonados".

El cineasta argentino es el primer americano en la lista de los premiados con este galardón. Dentro de sus producciones destacan "El abrazo partido" (premiado en Berlín el 2004), "Derecho de Familia" y "El nido vacío" presentada en el reciente Festival de cine de San Sebastián.

Daniel Burman cuenta un cuento al Vaticano al recibir un premio

(EFE)


El realizador argentino Daniel Burman recogió hoy en Venecia el premio Robert Bresson, que otorga el Vaticano a los cineastas que "buscan el significado espiritual de nuestra vida", y lo agradeció a través de un cuento ambientado en la Rusia zarista. En presencia del director de la Mostra, Marco Müller, y de manos de Claudio María Celli, presidente del Consejo Pontificio de Comunicaciones Sociales del Vaticano, el realizador de Esperando al Mesías (2000) desplegó su calidad de cuentacuentos para sorpresa de los asistentes.

Comenzó hablando de la Rusia de 1700, donde un rabino que dilapidaba su dinero en caridad fue acusado de desviar fondos hacia los turcos y acabó en la cárcel. Una vez allí, un ministro le plantea por qué Dios, que lo ve todo, preguntó a Adán dónde estaba tras comer la manzana del árbol prohibido. El rabino le respondió que Dios no quería saber dónde estaba, sino qué es lo que había hecho con todo lo que él le había dado.

"Con mis películas intento responder a ese ''dónde estás'' y no echarle la culpa a Eva ni a la manzana, sino decir ''aquí estoy yo y esto es lo que hago''", explicó en su discurso. A continuación, en una entrevista con varios medios, aseguró: "Estoy sorprendentemente emocionado. No es lo mismo recibir un premio por una sola película que por toda tu carrera. Eso te hace reflexionar sobre lo que has hecho, algo que no suelo hacer", respondió.

Ganador del Premio Especial del Jurado en Berlín con El abrazo partido (2004), Burman se ha distinguido por un tierno tratamiento de la vida familiar, una temática de la que no puede escapar. "¿Hay otro tema? Todos somos hijos de alguien, seguro", bromeó. Su última película, El nido vacío, ya se ha estrenado con éxito en Argentina y está seleccionada para luchar por la Concha de Oro en San Sebastián y para proyectarse en el Festival de Toronto.

En esta ocasión cambia su perspectiva sobre el núcleo familiar: "Es de padres a hijos y no de hijos a padres", ya que aborda "qué pasa en una pareja cuando los hijos salen. Las estructuras creadas en torno a ellos quedan en evidencia", asegura. Protagonizada por Cecilia Roth, a El nido vacío le seguirá una diversificación de su genio hacia el teatro, pues está preparando una pieza coescrita con Damián Dreizeik.

Burman, además de sus películas como director, también ha ejercido de productor par títulos clave del último cine latinoamericano como Garage Olimpo (1999), de Marco Bechis, o Diarios de motocicleta (2004), de Walter Salles.