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| Roland Joffe, durante una rueda de prensa en Argentina, 2009 |
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| Roland Joffe y Geraldine Chaplin |
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| Charlie Cox, Roland Joffe y Wes Bentley |
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| Roland Joffe y Charlie Cox en un momento del rodaje |
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| Roland Joffe y Charlie Cox en un momento del rodaje |
Documentación para Profesorado de Religión y Responsables de Catequesis
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| Roland Joffe, durante una rueda de prensa en Argentina, 2009 |
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| Roland Joffe y Geraldine Chaplin |
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| Charlie Cox, Roland Joffe y Wes Bentley |
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| Roland Joffe y Charlie Cox en un momento del rodaje |
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| Roland Joffe y Charlie Cox en un momento del rodaje |
Este texto puede parecer sólo un “apunte cultural” pero, leído con atención, es una llamada seria de responsabilidad a los educadores. Responsabilidad en la propia formación, y en la de los colegas de trabajo, para ver y tratar a todos con la plenitud de sentido que tiene ante Dios la vida humana.
Nadie “sobra” en este mundo
La película “Hijos de un mismo Dios” (Edges of the Lord, Y. Bogayevicz, 2001) está basada en una novela –The Painted Bird (1976), en parte autobiográfica– de Jerzy Kosinsky, estadounidense de origen polaco, que se suicidó en 1991. En esa fecha la venta de sus novelas, traducidas a más de 30 lenguas, se estimaba en torno a 70 millones de ejemplares.
Dirigida por otro polaco, emigrado a Estados Unidos a mediados de los setenta, la película está realizada en Polonia con actores norteamericanos. Aunque la historia es sencilla, para ser valorada en profundidad –como tal vez merece– probablemente requeriría una honda comprensión del cristianismo, algunos conocimientos de psicopatología, además de hacerse cargo de la tragedia del holocausto y de la personalidad y excentricidades del guionista original (ver artículo de D.G. Myers en “First Things”, octubre de 1996, pp. 58-64).
Durante la ocupación nazi de Polonia, Romek, un niño de 11 años, miembro de una familia judía de Cracovia, es escondido en un pueblo de
– “¿Estamos todos bendecidos, o somos simplemente las sobras?”
A lo que le responde el párroco:
– “Somos cortezas, Romek, y a la vez estamos bendecidos”.
Y el chico replica: “¿Pero no todos, verdad?”
Seguramente el novelista tuvo también alguna oportunidad durante su vida, quizá en los instantes previos a su muerte, de percibir la bendición de Dios.
En efecto, en perspectiva cristiana todos estamos llamados a ser, como dice el título de la película en castellano, “hijos de un mismo Dios”. Él nos va “configurando” –como se hace con las formas que han de a ser consagradas en
En la tercera encíclica de Benedicto XVI, “Caritas in veritate”, se dice que para colaborar al desarrollo de las personas y de los pueblos, es necesaria la educación, basada en el humanismo integral, en el trabajo y en la vida espiritual: “Con el término ‘educación’ no nos referimos sólo a la instrucción o a la formación para el trabajo, que son dos causas importantes para el desarrollo, sino a la formación completa de la persona. A este respecto, se ha de subrayar un aspecto problemático: para educar es preciso saber quién es la persona humana, conocer su naturaleza. El afianzarse una visión relativista de dicha naturaleza plantea serios problemas a la educación, sobre todo a la educación moral, comprometiendo su difusión universal”.
Por estos motivos, es importante, por larga y costosa que sea, la preparación de auténticos educadores, que contribuyan a una cultura y una civilización del amor.
Ramiro Pellitero, Profesor de Teología pastoral
Universidad de Navarra
.....Quiero compartir con vosotros una iniciativa que acabo de poner en marcha: un blog sobre "Jesucristo en el cine" que pretende ser un foro de discusión e intercambio de deas sobre Fe y Cultura, y en concreto sobre la imagen de Jesús que las películas han ido creando a lo largo del tiempo.
.....Pienso que puede interesar especialmente a los profesores de Religión y de Cine, pues además de reflexiones y análisis sobre los filmes, de noticias sobre nuevas producciones y reposiciones, quiero colgar guías de análisis para cinefórum, sinopsis esquemáticas de las películas y material didáctico para uso en el aula o para presentaciones en ciclos temáticos del Séptimo Arte
Asunto: Si puedes, visita mi blog
.....Me gustaría dialogar con vosotros y con otras personas que conozcáis: cinéfilos, pensadores, filósofos, críticos de cine, teólogos... También gente de a pie que tenga preocupación por el sentido trascendente de nuestras vidas y que desea ver reflejada su Fe en la cultura que vivimos; muy especialmente, la cultura audiovisual y cinematográfica. Y con gente joven que quiera iniciarse en el gusto por el cine y la cultura cristiana.
.....Os agradeceré que entréis en el blog, que me dejéis vuestros comentarios, y que deis a conocerla a todo el que pueda estar interesado:
http://jesucristoenelcine.blogspot.com/
Un fuerte abrazo, Alfonso Méndiz
Cindarella Man
Por Gustavo de Prado´
Arvo Net
Casablanca Comunicación
Dirección: Ron Howard.
Intérpretes: Russell Crowe, Renée Zellwegger, Paul Giamatti.
Duracion: 144 m. Género: Drama.
Valoración: Mayores de 13 años. Violencia. Calidad técnica: Muy buena.
James J. Braddock, antigua promesa del boxeo, malvive durante la depresión del 29 trabajando en un muelle para alimentar a su familia. Un día su manager le ofrece una nueva oportunidad.
La película queda en cierto modo estropeada por el abuso de los tópicos de superación, tanto personales como deportivos. Pero consigue elevarse sobre ellos gracias a la ambientación.
Situada en el escenario de la Gran Depresión, en el crack del 29, en los duros años de crisis siguientes, Braddock y su esposa se configuran como personajes de elevada talla moral. Sobre todo pasan hambre. Pero en ningún momento pierden los papeles. Saben cómo enfocar sus problemas, sin obviar las discusiones, y educan a sus hijos conforme a sus ideas. La escena en que Braddock obliga a devolver a su hijo la carne robada es harto elocuente. No todas las subtramas consiguen integrarse igual de bien. Por ejemplo, el funeral del amigo, aunque busca un efecto dramático posterior, parece una escena un tanto forzada.
Por otro lado, en la dirección, Ron Howard es ampuloso, tendente a lo sentimental, recargado en su planificación. Los preludios al combate final están tan llenos de exageración que dan ganas de pedir que pare.
Pero ocurre algo que pocas veces se ve en una sola película: dos interpretaciones tan descomunalmente magistrales como las de Russell Crowe y Paul Giamatti. El primero sobre el ring, el segundo abajo, elaboran un trabajo sensacional, sostienen la película entera y lanzan ganchos a la cámara imposibles de fintar. Atrapan sin remedio de principio a fin. Renée Zellwegger aunque mantiene sus mohines habituales exhibe un registro más amplio que en anteriores películas. Logran un puñado de buenas escenas: la llegada de la señora Braddock a la casa del manager, Braddock acercándose a pedir dinero a los magnates del boxeo, el visionado de la película del rival, los diálogos de vestuario entre boxeador y entrenador…
Si la primera hora se centra en describirnos los años de la Depresión con una reconstrucción de época bastante lograda, después llegan los puñetazos y cambia la dirección de las emociones. En conjunto, es inevitable descubrir ciertas debilidades, pero logra subsanarlas con un buen puñado de buenas ideas, excelente caracterización de los personajes e interpretaciones absolutamente geniales.
DVD
Título: «HIJOS DE LOS HOMBRES»
Dirección: Alfonso Cuarón.
Intérpretes: Clive Owen, Claire-Hope Ashitey, Michael Caine, Julianne Moore, Chiwetel Ejiofor.
Duración:
Género: Drama/Acción.
La humanidad está llamada a desaparecer. Las mujeres son estériles, el hombre más joven (20 años) acaba de morir apuñalado, la inmigración está descontrolada, hay terrorismo islámico, atentados de grupos nacionalistas y los Estados son prácticamente dictaduras. Theo es un funcionario apático e indiferente. Un día, su ex-mujer, una activista, le secuestra y le pide ayuda para trasladar a una chica en una situación… peculiar.Esta es la clásica película que no ha recibido especiales parabienes de la crítica en los festivales por los que ha pasado pero, a cambio, ha recibido el apoyo incondicional del público. Quizá la crítica esperaba de Cuarón algo más sesudo, quizá algo más progre, quizá algo más de izquierda de toda la vida. Y ciertamente no se trata de una película con un mensaje abundante al estilo de “Gattaca” o de una búsqueda esteticista como “IA: Inteligencia Artificial”.
Cuarón es un contador de historias, un seguidor de vidas, un cariñoso fisgón de los caracteres humanos. Es lo que ha hecho en cualquier género que tocara ya fuese en “La princesita”, “Grandes esperanzas” o en “Harry Potter y el prisionero de Azkaban”. “Hijos de los hombres” es una película de acción, una persecución, en la que van apareciendo temas interesantes contemplados desde una óptica más interesante aún.
El mensaje de la película se reduce a una sola idea y a las consecuencias derivadas de ella. Esa ausencia de niños, esa esterilidad universal es una metáfora para hablar de la falta de esperanza en la sociedad. Cuarón observa los problemas de la actualidad y los proyecta 21 años hacia el futuro, como una denuncia de lo que acabará sucediendo si no confiamos en la vida, si perdemos la fe en el futuro, la esperanza en las generaciones venideras.
Seguimos los pasos de Theo y Kee. Huyen de esta distopía preapocalíptica en que se ha convertido el mundo. Y buscan un lugar donde poder empezar de nuevo, un barco, dicen, llamado Mañana en el que viajan unos científicos a cargo del Proyecto Humano. Y, en su huida conoceremos a una galería de variados personajes.
La humanidad sobrevive en un mundo donde los Estados reparten Quietus, las pastillas para el suicidio que garantizan una muerte relajada. La trama no nos aclarará grandes cosas: ni la causa de la esterilidad, ni las pandemias, ni las formaciones terroristas, ni la forma exacta en que funcionan los gobiernos. Pero eso no importa. El introducirnos en la situación, sin explicaciones, ayuda a la credibilidad: como si tuviésemos que estar al tanto de lo que dice el último periódico. No sabemos si ponernos de parte de los Estados dictatoriales, de los activistas o, al menos, de determinados activistas. Theo y Kee encontrarán amigos y enemigos en todos los bandos.
Lo mejor de la película es su poderosa estética. Cuarón realiza largos planos-secuencia. Esto hace que, en ocasiones, decaiga el ritmo. Pero, a cambio, logra con ello momentos de una fuerza tremenda.
Película tan interesante como entretenida para cualquiera que busque algo más que simple acción.
Por Gustavo de Prado (arvo.net)
EL CINE DE GRAHAM GREENELa fascinación de Greene por la figura del pecador oculta la acción misericordiosa de Dios
Una parte importante de su popularidad se debe a que la mayoría de sus libros han sido adaptados para la pantalla. El tercer hombre es un caso especial porque directamente fue escrito como guión, y sólo después de la excelente película lo publicó como novela corta.
Graham Greene, como todos los de su generación, recibió el impacto del séptimo arte. Entre 1935 y 1940 ejerció como crítico cinematográfico en The Spectator. Sus críticas fueron posteriormente reunidas en The Pleasure Dome. La influencia del cine en la obra de Greene ha sido señalada muchas veces, y se muestra tanto en las tramas que elige (gansters, espías…) como en la rapidez con la que corta una secuencia para pasar a otra, o por múltiples detalles que deben su inspiración al lenguaje cinematográfico.
Pero, aunque las adaptaciones de sus novelas hayan contado con excelentes directores como John Ford, Fritz Lang, Joseph L. Mankiewicz, Otto Preminger o Carol Reed, tiene razón David Lodge cuando escribe: “Una de las razones por las que nos decepcionan tantas de las películas basadas en las novelas de Graham Greene es que, desprovistas de la poderosa y persuasiva retórica de su voz narrativa, los relatos parecen forzados y melodramáticos”. Y eso a pesar de que, en algunas de las películas, el mismo Greene se hizo cargo del guión.
En este trabajo Enrique Fuster analiza las llamadas novelas católicas de Graham Greene y su puesta en escena: (Brighton Rock (Brighton, parque de atracciones), 1938; The power and the glory (El poder y la gloria), 1940; The heart of the matter (El revés de la trama), 1948; The end of the affair (El final de la ventura). Además dedica, por su singularidad, un capítulo a The Thrid Man (El Tercer hombre).
En el tratamiento del tema el autor aborda la novela del escritor y la consiguiente versión cinematográfica, señalando algunas curiosidades sobre el film pero, fijándose, sobre todo, en las variantes (singularmente interesantes en el caso de Brighton Rock). Pero más allá de este trabajo de cotejo e información, el autor se plantea el carácter “católico” de esas obras.
En se controvertido tema, abierto a la discusión de los críticos, se decanta, en la línea de Ibáñez Langlois, por hablar de novelas de pecado y de gracia, ya que, en muchos puntos, es difícil sostener que Greene tuviera una verdadera concepción del alcance y poder sanador de la gracia. En algunos puntos se sitúa en una perspectiva protestante y en una extraña fascinación por la figura del pecador, que oculta (dejándola en suspenso) la acción misericordiosa de Dios y la posibilidad real de redención ya en este mundo.
El trabajo bien documentado de Enrique Fuster agradará a los lectores de Greene y, a su vez, supone un interesante acercamiento al tema de la literatura llevada al cine. Como se ve en los ejemplos tratados cine y literatura son lenguajes diferentes que, aunque no siempre consiguen coincidir en la expresión pueden, sin embargo, ofrecer perspectivas complementarias.
Según informó el diario La Nación, Mons. Celli comentó que "en tiempos de globalización, en los que tanto en Tokio como en África nos ofrecen coca-cola, hamburguesas y papas fritas, a la Santa Sede le interesa que haya cineastas que se preocupen porque el hombre pueda responder las preguntas que le brotan del corazón".
Asimismo, el Prelado expresó que el hecho de que Burman sea judío demuestra que "el premio hace caso omiso de la religión y de la nacionalidad de los galardonados".
El cineasta argentino es el primer americano en la lista de los premiados con este galardón. Dentro de sus producciones destacan "El abrazo partido" (premiado en Berlín el 2004), "Derecho de Familia" y "El nido vacío" presentada en el reciente Festival de cine de San Sebastián.
(EFE)
El realizador argentino
Comenzó hablando de la Rusia de 1700, donde un rabino que dilapidaba su dinero en caridad fue acusado de desviar fondos hacia los turcos y acabó en la cárcel. Una vez allí, un ministro le plantea por qué Dios, que lo ve todo, preguntó a Adán dónde estaba tras comer la manzana del árbol prohibido. El rabino le respondió que Dios no quería saber dónde estaba, sino qué es lo que había hecho con todo lo que él le había dado.
"Con mis películas intento responder a ese ''dónde estás'' y no echarle la culpa a Eva ni a la manzana, sino decir ''aquí estoy yo y esto es lo que hago''", explicó en su discurso. A continuación, en una entrevista con varios medios, aseguró: "Estoy sorprendentemente emocionado. No es lo mismo recibir un premio por una sola película que por toda tu carrera. Eso te hace reflexionar sobre lo que has hecho, algo que no suelo hacer", respondió.
Ganador del Premio Especial del Jurado en Berlín con El abrazo partido (2004), Burman se ha distinguido por un tierno tratamiento de la vida familiar, una temática de la que no puede escapar. "¿Hay otro tema? Todos somos hijos de alguien, seguro", bromeó. Su última película, El nido vacío, ya se ha estrenado con éxito en Argentina y está seleccionada para luchar por la Concha de Oro en San Sebastián y para proyectarse en el Festival de Toronto.
En esta ocasión cambia su perspectiva sobre el núcleo familiar: "Es de padres a hijos y no de hijos a padres", ya que aborda "qué pasa en una pareja cuando los hijos salen. Las estructuras creadas en torno a ellos quedan en evidencia", asegura. Protagonizada por Cecilia Roth, a El nido vacío le seguirá una diversificación de su genio hacia el teatro, pues está preparando una pieza coescrita con Damián Dreizeik.
Burman, además de sus películas como director, también ha ejercido de productor par títulos clave del último cine latinoamericano como Garage Olimpo (1999), de Marco Bechis, o Diarios de motocicleta (2004), de Walter Salles.